Tomándola por los hombros, Max siguió su camino con la señora de Vital. Ahora que la tenía tan cerca de él podía sentir su dolor de la misma manera que una parte de él, la más malvada, la que mejor sabía odiar sentía gusto porque ella estuviera sufriendo de tal manera. Y la realidad era que al final, no sabía quién él mismo era. Se estaba perdiendo en su propio dolor hasta el hecho de desear que Lucía se mantuviera así.
—Empiezo a creer que todo lo que hace uno en el mundo, lo paga con creces