Colocando la taza de café en la mesa central, lista para continuar con la conversación, Lucía sonrió.
—No lo sé pero a mí me parece una mujer increíble, es muy educada, tiene mucho conocimiento, ¿has visto los vestidos que usa? ¡Dios mío, es una mujer como pocas!
Gertrudis no evitó sonreír de manera burlesca al darse cuenta que esa mujer estaba hablando demás.
—Nunca te has expresado así de mi hija, ¿piensas que ella no tiene clase? ¿Sigues creyendo que Paula era mejor?
—Jamás he mencionado a