UNA OFENSA NO OLVIDADA.
UNA OFENSA NO OLVIDADA.
La mansión de Sebastián Storm, un santuario en el mundo humano, estaba sumida en la quietud de la noche. Solo el suave respiro de Erika rompía el silencio de la habitación, donde las sombras danzaban al ritmo de la tenue luz de la luna. Sebastián, incluso en sueños, mantenía un semblante de alerta, como si una parte de él nunca descansara del todo.
Un golpeteo insistente en la puerta destrozó la calma. El Alfa abrió los ojos, su instinto lo sacó de la cama sin hacer rui