CAPÍTULO 30. LA ENCONTRÉ, JEFE
En el restaurante
—Nilo, ¡por favor, deja que salga! —solicitó ella— se supone que me necesitas con urgencia —recordó esta, fingiendo una calma que estaba muy lejos de sentir.
—¿Qué? ¿No vas a gritar? ¿Ni a amenazarme? O ¿llamar a la policía? —preguntó él con una sonrisa diabólica, causando en ella una fuerte repulsión.
—¡Que te quede claro! ¡Miedo, no te tengo! —Gruñó ella, cerca del oído de él— y si no armo un escándalo es por consideración a Luisa, a quien tanto aprecio —agregó ella mirando