CAPÍTULO 13. ¡LO VULGAR SE PEGA!
En la sala de Junta
—¡Qué ordinario hermanito! —Se quejó Arantza— Es definitivo, ¡lo vulgar se pega! —añadió ella, mirando a Adriana, quien se estaba controlando, para evitar problemas a Mateo.
—¡Bueno! Si vas a trabajar aquí, que al menos sirva para algo, ¡tráenos tres cafés! —ordenó Angélica, con deprecio hacia su cuñada.
—¡Un momento! —Gritó él— ¿Quién te dijo, que mi mujer sería personal a tu servicio? —inquirió Mateo enojado.
No obstante, Adriana se movió para levantarse, pero él, no lo pe