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La mansión era un hervidero de actividad controlada aquella mañana. Chóferes cargaban maletas mientras los guardias mantenían sus posiciones discretamente.
James y Katerina se despedían en la entrada principal, él la sostuvo por la cintura y la besó larga y profundamente, como quien marca territorio.
—Cuida de nuestro hijo —susurró contra sus labios—. Y de ti misma. Recuerda que eres lo más preciado que tengo.
Sus ojos azules la atravesaron con tal intensidad que Katerina sintió un escalofrí