C52 -GPS
Gianna se llevó una mano a la boca, la escena frente a ella era un nudo imposible de desatar: Adler, con el rostro deshecho en lágrimas, se dejó caer en una de las sillas de la oficina, hundido como si todo su peso lo estuviera aplastando.
—Es mi culpa… —murmuró hecho pedazos—. Tenía que haberla protegido, tenía que haber estado allí y no dejar que Claudia…
Kate se acercó tratando de mantener la calma, aunque el temblor en sus dedos la traicionaba. Como madre, podía entender lo que Adl