EL CAMARERO ME RECHAZÓ, ASÍ QUE LO HICE SUCUMBIR 2
Solté una risa, oscura y baja. —Yo soy el dueño de todo. Incluido esto. —Le agarró el bulto con brusquedad. Él dio un respingo, levantando las caderas a su pesar. —Y esta noche me lo vas a dar gratis. Rogándomelo.
Le arranqué la camiseta de tirantes, haciendo volar los botones. Su pecho era suave y ya tenía los pezones duros. Le metí uno en la boca, mordiéndolo con la fuerza suficiente para hacer que se arqueara y soltara una maldición. Mis ma