Seguimos por un sendero de piedras iluminado por pequeñas linternas estratégicamente posicionadas, alejándonos del bullicio de la fiesta. El aire nocturno estaba perfumado con el aroma de los viñedos, una fragancia que había aprendido a reconocer y apreciar en los últimos meses. La luna, casi llena, derramaba una luz plateada sobre las hileras organizadas de vides que se extendían hasta donde alcanzaba la vista.
Christian caminaba en silencio a mi lado, su mano ocasionalmente rozando la mía, pe