CASSANDRA
Se sentía tan bien poder respirar por fin.
Me quedé bajo la ducha, dejando que el agua fría recorriera mi cabeza y se deslizara por todo mi cuerpo.
Esto era terapéutico. Los días de fingir, de planear estrategias de escape y de preocuparme por mi salud mental finalmente habían terminado.
Pasé la mano por mi cabello mojado, con los ojos cerrados. Pensándolo bien, han pasado meses desde que sentí este tipo de paz.
El chirrido de la puerta al abrirse me hizo sonreír. Ya sabía quién era…