CASSANDRA
Ya era de mañana.
No había dormido, no realmente. Solo horas de dar vueltas, con las cadenas traqueteando cada vez que me movía, mientras mi mente repetía la sonrisa cínica de Alessandro y esa última frase: *esta vez no volverás a salir*.
La puerta crujió.
Miré hacia allí y vi a una criada entrando con una bandeja de comida.
—Buenos días —saludó, dejándola caer sobre una mesa.
No respondí. No porque quisiera ser grosera, sino ¿qué tenía de bueno la mañana?
No me había movido más de un