Aunque me esforzaba, me fue imposible no hundir el rostro en el asiento y gritar entre lloriqueos. Escuchaba el golpe de su piel contra mi trasero, sentía sus dedos clavarse en mis glúteos y sujetarme contra su pelvis.
Me dolían las rodillas y mi corazón estaba a punto de explotar.
Sentía un creciente placer centrándose en mi bajo vientre, aumentando y aumentando conforme su miembro me penetraba frenéticamente enrojeciéndome la piel con sus bruscas embestidas y empujando mi cabeza contra la p