Apoyada en su brazo, bajé del Rolls Royce y entré a un enorme edificio empresarial, ubicado en el centro de la bulliciosa ciudad. Al entrar al lujoso elevador, ya no pude resistir el silencio que reinaba entre nosotros desde esa mañana. Tenía qué decir algo, cualquier cosa que aliviará la pesada tensión.
—No sabía que tuviera negocios con su prometida.
No me miró.
—Mis acciones en su empresa son solo una pequeña parte de mis negocios, no son tan importantes para mí, por eso las he dejado a