Mientras tanto, Alexander había llegado donde Clara.
Estaba lista, portaba un hermoso vestido blanco de alta costura. Este era de seda, adornado con tantos brillantes en el pecho, que era como si solo estuviera hecho de los mismos.
Tan solo esperaba a que la organizadora le dijera que el momento había llegado. Deseaba más que nada que eso sucediera cuanto antes y es que los nervios la carcomían por dentro.
Entonces, de pronto, la puerta solo se abrió y Alexander apareció por esta. Aquello la