Por petición de ella se quedaron también para el postre y luego de eso caminaron un rato por las calles de Nueva York, el clima ayudaba un poco, los transeúntes pasaban de un lado al otro. Cuando menos se lo pensó, Sarah sintió el roce de los dedos de Hasan, entonces, por primera vez el árabe le tomó la mano. Ella sintió que aquella sensación extraordinaria la embargó de los pies a la cabeza. Más que extraordinario, se sentía mágico estar así con él.
—Hasan, ¿por qué me tomas de la mano?
Ambos