—Lo haces muy bien, Steven. ¿Seguro que no eres estilista?
—¿Bromeas? —la miró a través del espejo mientras le trenzaba el cabello—. Digamos que soy milagrosamente hábil en esto, además tu cabello es sedoso y liso, eso me ayuda.
Camila le sonrió a través del espejo. Se había puesto un bonito vestido veraniego, caído en los hombros, dejándole ver un atractivo bronceado que hacía un bonito contraste con la tela estampada.
—Bueno...
—Mira nada más cómo has quedado. Ya estás lista. Y yo también,