Cuando Mateo mencionó algo que nunca antes había planteado, Lucía sintió cierta ironía: —Soy tu secretaria. Con tantos automóviles en tu garaje, ¿para qué yo necesitaría uno propio?
Era evidente que Mateo quería retenerla con estos gestos.
—No puedes estar siempre usando mis autos o tomando taxis —respondió Mateo.
Sentado en el asiento trasero, no podía ver la expresión de Lucía mientras ella conducía con la mirada fija en la carretera.
Pero por su tono, Mateo percibía que no tenía ningún interé