La asesina del tío había muerto. Ya no era necesario seguir investigando ni buscar pruebas. El caso quedaba cerrado.
— Señorita Pérez, hemos terminado con su declaración. Debería atender esa herida —aconsejó el policía.
La asistente añadió:
— Camila, eres demasiado considerada. Estás herida y en vez de ir al hospital, insististe en venir primero a la comisaría para aclarar todo.
Con los ojos enrojecidos y el rostro demacrado, Camila respondió:
— Ya no digas más. Ya está todo resuelto. Vamos al h