—De acuerdo, gracias por la ayuda—dijo Javier de manera cortés, mirando a Mateo, cuyo semblante se había suavizado un poco, lo que le hizo sentir alivio.
Lucía planeaba cenar con sus padres.
Esa cena ya no sería posible.
Vio a Ana preparando su cama y se le acercó y respondió: —Mamá, tengo que salir, no podré cenar con ustedes.
—¿Pasó algo? —preguntó Ana.
—Nada, solo asuntos de trabajo.
Ana se acercó a Lucía: —Si quieres cambiar de trabajo, cambiemos. Hay muchos trabajos interesantes.
Pensaba en