—¿No es acaso suficiente? —preguntó Mateo—. ¿No es más bonito que el que tienes?
Lucía miró el oso que era más alto que ella misma, si lo llevara seria arrastrado por el suelo. Sacudió la cabeza rápidamente: —No lo quiero, es demasiado grande y además no me gusta.
Mateo se colocó serio: —¿No es mejor que el que tienes? ¡Tómalo! —y se lo lanzó con una mano.
Lucía, que ya tenía sus brazos ocupados, recibió otro oso más. Cargada con tantos peluches, apenas podía respirar.
—¡Mateo, por favor ya bast