Capítulo 42 —Castigo y rendición
Narrador:
Massimo estacionó el coche con un movimiento brusco, los nudillos blancos sobre el volante, la respiración entrecortada. Desde allí, con una vista perfecta del bar de la esquina, podía verla. Nadia, Riendo, con él; Ismael; el de la ONG.
El hombre estaba inclinado hacia ella, con esa confianza que solo tenía alguien que se sabía cercano. Demasiado cercano.
La ira subió en su pecho con una fuerza tan violenta que sintió el sabor metálico de la rabia en l