CAPITULO 15

Era la primera mañana tranquila desde que Cecil había vuelto a casa.

El aroma a jazmín flotaba en el jardín, y el sonido suave del viento entre las hojas le recordaba a Cecil lo cerca que había estado de no volver a escuchar nada.

Estaba sentada en el kiosko, con una manta sobre las piernas y su bastón descansando al lado del banco. Alejandro, a unos metros, cuidaba las flores. El aire entre ambos era cálido, suave, como si el tiempo por fin les regalara una tregua.

—¿Qué estás leyendo, bonita?
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