Mundo ficciónIniciar sesiónBrennan lo sostuvo mientras maldecía en voz alta, atrayendo la atención de Briccia y de la anciana Lidora.
Los ojos de la sacerdotisa se volvieron tan azules como los de su lobo mientras examinaba la herida.
—Bala de plata —murmuró—. ¿Te sientes muy mal?
—La hirieron… hirieron a Rhiannon… —era lo único que balbuceaba Aidan con los ojos desorbitados.
—Calma, está sanando &mda







