Ese mismo día Nataniel se fue a trabajar a la empresa. Camila aprovechó para hablar con su cuñado y pedirle que en ausencia de su cuidadora le envíe el acuerdo de divorcio con una de las empleadas del servicio.
Ninguno de los dos quiere entrar en la habitación del otro.
—¿De qué hablas, cuñada?, ayer te lo envié y dejaste claro que no te quieres divorciar porque amas a mi hermano. ¿Qué ha pasado para que tan pronto cambies de opinión?
—¡Qué! Yo no he recibido nada.
—No te creo.
—Con sinceridad