Kervin deseaba estar alentado para poder darle una patada en el trasero y hacerlo razonar sabiamente.
—Nataniel, por favor no seas estúpido, sabes de sobra que yo a ti te respeto como si fueses mi padre, pero me da coraje cuando te pones a insultar a esa chica. Date cuenta, ella es inocencia pura, ella te ama y jamás hará algo para dañarte porque está enamorada de ti.
—No, tú dices eso porque la defiendes y quieres que yo me trague el cuento de que ella es una niña buena. ¿Pero sabes qué, herm