Dos horas más tarde de lo habitual, Nataniel llegó a su oficina y saludó a Camila como si fuese cualquiera de sus empleados.
—Pensé que irías a dormir a la casa. —dijo Camila.
—No, pasé la noche con los amores de mi vida. —le respondió con una sonrisa.
—¿Los amores? —Preguntó ella frunciendo el ceño. —¿pues cuántas mujeres tiene usted, señor Nataniel?
—Oh, no querida, has entendido mal o me expresé mal yo. Lo digo porque también pase la noche con mi hija.
—¿Hija? ¿Usted tiene una hija? —Pregunt