Kervin lo observa con una mirada llena de odio, furia y decepción.
—No te atrevas nunca más en tu vida a faltarme el respeto, cabrón de mierda, soy tu padre, los he educado y les he demostrado mi respeto. Ahora que son adultos, exijo lo mismo de tu parte. ¡En qué cabeza te cabe pensar que yo le haré eso a mi nuera si sabes de sobra que es casi nuestra hija!
Me tienes muy encabronado, muchacho, estoy dolido por tu falta de respeto.
Expresó el anciano en voz baja, sus hijos nunca han sido irres