Valentina pasó tres días con la oferta de Barcelona.
No tres días de angustia ni de indecisión paralizante, que era la textura que habrían tenido esas mismas tres días en una historia diferente o en una versión anterior de esta misma historia. Era tres días de examen honesto, del tipo que requiere que uno se siente con algo y lo mire desde todos los ángulos disponibles sin que ningún factor externo —ni el miedo ni la conveniencia ni la presión de ninguna persona en particular— empuje la mirada