Bárbara Summers
El tintineo de la reja de la puerta de la celda retumbó en mis huesos cuando entré en ese oscuro pasillo, con el corazón como un tamborileo sincopado en medio del silencio.
El miedo me atenazaba por dentro, y el frío se calaba en mi interior, por más admitir los hechos, por más arrepentida que estuviera, por más que estaba en una situación delicada para mí, no había misericordia y en el fondo de mi corazón sabía que no la merecía.
El abogado designado por el estado, porque yo