Capítulo 25: La mala del cuento
La sesión fue un ejercicio meticuloso de tortura. El fotógrafo los dirigía con frases vacías: “Señor Cox, ponga la mano en la cintura de la señorita Peterson… no tan rígido, como si la sostuviera, no como si fuera una estatua”. “Señorita Peterson, acérquese un poco más, apoye la cabeza en su hombro… sí, así, pero relaje los hombros.”
Damián cumplía. Su toque era preciso y técnico. No había calor, solo la presión justa para crear la ilusión.
Ariadne se adaptaba a