El cuerpo de Lucien era perfecto, su uno ochenta y tres imponía, el abdomen, brazos y piernas marcadas lo hacía tan irresistible a las mujeres, y su rostro apuesto adornado con esos verdes ojos oscuros, lo hacía parecer un dios griego andante sobre la tierra
— Mamá, no te enojas con papá, nos bañamos juntos y él no tiene ropa, debemos comprarle mucha ropa mañana, mientras tanto le prestaremos una de tus pijamas, espérame aquí, papá — el niño corrió a la habitación de su mamá, para buscarle algo