La furia de dibujaba en el apuesto rostro de Alexandro Maldonado, le había costado demasiado esfuerzo enamorar a Milán, incluso estando al otro lado del mundo consiguió estar presente en su vida, primero por mensajes y después por visitas esporádicas hasta que consiguió arrancarle el sí de sus sensuales labios
— !¿Dime qué demonios quieres decir con que has venido a por mi prometida, Lucien Black?! ¡¿qué rayos tienes tú qué ver con ella?! ¡habla imbécil!
Pocas, pero muy pocas personas habían ll