Arielle durmió el resto de la tarde, y luego de unas horas despertó desorientada mirando al rededor y sentada en el centro de la cama, se miró su vientre y lo acarició
—Tres...tres hijos de Gabriell, y el no lo sabrá nunca, nunca sabrás de tus hijos Gabriell, nunca. —pronunció en susurros.
Salió de la habitación y bajó las escaleras.
—Señora, la cena está lista. —dijo una de las muchachas de servicio.
—Gracias, Pero no tengo hambre. —respondió caminando a la oficina.
Marina volvió a la cocina