PUNTO DE VISTA DE EMBER
El equipo de estilistas se mueve con la precisión de un pelotón de ataque. En menos de cinco segundos, me retiran el plato, me ponen una cinta métrica alrededor de la cintura y estoy en manos de Simone, que irradia una energía tan implacable que creo que hasta Knox dudaría en enfrentarse a ella.
—No te encorves —me espeta Simone, con los dedos ya en mi pelo—. La postura hace a la mujer.
Me quedo de pie, firme, mientras otra mujer me rodea, anotando números. Dos hombres s