Juventud en pausa.
Desde un rincón, mientras espero a que Mariona decida de una vez por todas qué se pondrá para su cita con Marcos, miro el celular por inercia: nada. Absolutamente nada.
Entonces pienso en la pobre Corina, que será quien tenga que enfrentarse al caos textil que mi amiga ha dejado sobre la cama, como si un huracán de diseñador hubiera pasado por la habitación. En un intento de aliviarle la carga, me acerco y comienzo a doblar lo primero que encuentro.
Tati me observa apenas unos segundos antes de