En la tablet se veía la transmisión de la final.
Adrián miraba en silencio y escuchaba la voz de Elena.
La mujer que antes había sido tan dócil y dulce a su lado ahora hablaba ante cientos de miles de personas, tranquila y firme.
Tenía sus propios sueños y el valor para cumplirlos.
Brillaba tanto que él no podía apartar la mirada.
—Antes me escondía a la sombra de un árbol. Después, el árbol cayó y llegó el viento. Ya no había nadie que me protegiera. Aprendí a echar raíces sola, a crecer de n