Las risas cesaron abruptamente.
Todos se volvieron y vieron al abuelo Sánchez, rodeado de guardaespaldas, entrando en la habitación; todos se quedaron boquiabiertos.
—Abuelo, ¿por qué ha venido? —Joana se apresuró a acercarse para ayudar al abuelo.
Pero él ni siquiera la miró, ansioso, se acercó a Fabiola: —Fabiolita, escuché que torciste tu tobillo y que estás hospitalizada, ¿por qué no me lo dijiste?
Fabiola estaba muy conmovida: —Abuelo, estoy bien, pronto me darán de alta.
El abuelo miró el