—¿Quieres comer algo?— Nina colocó el tazón de fideos en la mesita de noche.
Fabiola negó con la cabeza.
—No comer no está bien —persuadió Nina. —Fabiola, la salud es el capital de la revolución. Incluso si el cielo se desmoronara, debemos comer.
Fabiola giró su cabeza para mirar a Nina, con una mirada sin foco. Sus labios se movieron, pero no salió ninguna palabra.
Nina, preocupada, se arrodilló sobre la alfombra y levantó la vista hacia Fabiola: — Fabiola, ¿qué ha sucedido exactamente? ¿Puedes