—¿Quieres subir a sentarte un rato?
—Bueno, mejor no… —Sergio abrió y cerró la boca. —Yo... mejor no subo.
Fabiola miró las luces encendidas en el piso de arriba, entendiendo. —Vienes a buscar a Benedicto, ¿verdad?
—Sí, no es así —Sergio habló de manera confusa, como un loco desquiciado. —No vine a buscar…
La mirada sospechosa de Fabiola cayó sobre Sergio: —¿Qué hace Benedicto contigo normalmente? ¿Cómo te ha reducido a este estado?
—No, nada —Sergio sonrió torpemente, su mente realmente se habí