Fabiola abrazó la cintura de Patricia y frotó su cuello contra ella: —Menos mal que estás tú, Patricia.
Las hermanas conversaron un rato más antes de sumirse en un profundo sueño.
Mientras tanto, a solo una pared de distancia, Pablo no podía conciliar el sueño, su mente invadida por la imagen distraída de Fabiola.
Por alguna razón, aunque Fabiola no había dicho la causa de su preocupación, su intuición le decía que debía estar relacionada con su marido.
¡La idea de ese hombre lo llenaba de celos