Sin embargo, este método estaba perdiendo efectividad. Siempre terminaba recordando a Benedicto, aunque fuera por una palabra o una hierba. Cualquier cosa podía hacer que su mente, que apenas descansaba, pensara en él.
Fabiola nunca supo que Benedicto ya había echado raíces profundamente en su corazón sin que ella se diera cuenta.
Pero precisamente por eso, estaba aterrorizada.
Anteriormente, Cedro también tenía que viajar al extranjero por trabajo, y podía pasar varios meses sin verlo. Pero nun