Ella no continuó hablando, pero fue suficiente para dejar volar la imaginación de todos.
—¿Qué importa cómo lo conseguí? —dijo Fabiola calmadamente. —De todos modos, según nuestro acuerdo, no necesito divorciarme y tú no puedes retirar tu inversión.
—En cuanto a si el señor Sánchez quiere quedarse o irse después de que la situación interna de los Salinas se estabilice, depende de él.
—¡Fabiola! —la primera en desesperarse fue Ana. —¿Cómo puedes hablar así?!
Cedro tomó una profunda bocanada de ai