Fabiola abrió la puerta, pero descubrió que el pasillo estaba vacío, no había nadie.
—Extraño, ¿dónde está? —murmuró.
Benedicto también salió, miró a ambos lados, con voz profunda: —Probablemente sean niños haciendo una broma, vamos a volver a cenar.
—Bien.
Fabiola asintió, cerró la puerta al regresar.
No fue hasta que el pasillo quedó completamente silencioso que Cedro salió de detrás de la puerta de la salida de emergencia.
Mirando esa puerta cerrada, una sombra de pérdida cruzó sus ojos.
Fabi