Capítulo 328
Hablando, ella se levantó.

Benedicto agarró su muñeca con una mirada de ansiedad y nerviosismo en sus ojos, como un niño abandonado.

Fabiola le sonrió y miró a los ojos de Benedicto: —Voy a buscarte una toalla, tu espalda está toda mojada.

Benedicto dudó un momento antes de finalmente soltar la mano de Fabiola.

Fabiola entró al baño, tomó una toalla seca y se la pasó a Benedicto.

Benedicto sujetó la mano de Fabiola en su pecho, con voz ronca: —Puedo hacerlo yo mismo.

Fabiola entendió: —Está bien
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