Cuando Pablo se giró y vio a Fabiola, también se sorprendió.
—¿Estás con amigos? —preguntó sonriendo, una sonrisa que incluso en la noche recordaba al cálido sol.
Fabiola sonrió a su vez: —No, estoy con mi esposo.
La luz en los ojos de Pablo se desvaneció a la mitad: —Ustedes sí que son una pareja amorosa.
Fabiola, algo avergonzada, bajó la cabeza y sonrió, luego levantó la vista: —¿Y tú? ¿Saliste con amigos?
Pablo dudó antes de responder: —Supongo que sí.
Tras un silencio incómodo, Pablo habló