Pablo sonrió al abrir la puerta.
La persona dentro levantó la cabeza, vio a Pablo y a Fabiola, y se levantó: —¿Eres la señorita Salinas?
Fabiola asintió con la cabeza.
Esa persona, con familiaridad, dijo: —Mario Vila, detective privado, diez años en el oficio, nadie se atreve a decir que es mejor que yo.
Fabiola se rió con sus palabras: —Hola, llámame Fabiola.
Al ver esto, Pablo bromeó: —No hables tan seguro, si al final te equivocas, hasta yo que te presenté quedaré mal.
Mario rió a carcajadas: