En la villa.
—¿Ya regresaste? —preguntó Benedicto. Fabiola había ido a ver el lugar de la propuesta de matrimonio, y Benedicto ya lo sabía por Vargas. —¿Tienes hambre?
Él se acercó y abrazó a Fabiola.
Fabiola sonrió con los ojos brillantes: —No tengo hambre, ¿adivina qué vi hoy?
Benedicto pensó un momento en colaboración: —Hmm... no lo sé.
Fabiola sacó su teléfono: —¡Vi el lugar de la propuesta que preparaste para mí! ¡Es tan hermoso!
La sonrisa de Benedicto también se curvó, besando los párpado