Pero precisamente porque su fama era demasiado grande, era difícil conseguir que la gente de Tres Estrellas se ocupara de las relaciones públicas.
Fabiola no esperaba que Benedicto tuviera tanta influencia para que los de Tres Estrellas la llamaran personalmente.
Y además, eran muy corteses.
—Hola, ¿hablo con la señorita Fabiola Salinas?
—Sí.
—¿Podría decirme cuándo está disponible? Podríamos ir a hablar con usted en persona.
Fabiola pensó por un momento: —¿Qué tal a la una?
—Por supuesto que sí