Alejandro una vez más quedó sorprendido por la forma de pensar de la joven.
Se olvidó completamente de retirar su mano.
—¿Estás segura, Isabel?
—Shh —Isabel se acercó unos pasos. —Alejandro, ella te está mirando.
Alejandro sonrió, sorprendido y feliz: —¿En serio?
—Sí.
—¿Qué expresión tiene? ¿Está molesta?
—Está frunciendo el ceño, parece... efectivamente molesta.
—Entonces, ¿esto está funcionando?
—Parece que sí —Isabel lo miró directamente a los ojos, sonriendo tímida.
Fabiola frunció el ceño a