Justo en ese momento, la voz reacia de Cedro sonó desde la entrada: —Abuelo, he vuelto.
Al ver a Fabiola al lado del abuelo, se quedó sorprendido.
Fabiola, vestida profesionalmente, había dejado atrás su antigua cautela y timidez, irradiando la confianza y elegancia de una mujer en el mundo laboral, brillando con una luz que nadie podía ignorar.
Cedro tragó saliva y tomó la iniciativa de hablar: —¿Cuándo regresaste?
Fabiola respondió con indiferencia: —Hace unos días.
Luego, se dirigió al abuelo